Historia

Hola, somos don Lulo y doña Ruth.

Hace 49 años llegamos a esta zona. Siendo muy jóvenes iniciando un nuevo proceso en nuestras vidas; "matrimonio ", cargados de ilusiones y fortaleza por nuestra juventud y por el nuevo compromiso adquirido, nos dirigimos a una finca donde fui de cuidandero. Era todo terreno virgen y había que dar inicio al proceso de explotación.

Debido a la pobreza, el haber quedado huérfano cuando sólo era un niño y el de tener que buscar el sustento para mí y mi mamá tuve que abandonar la escuela, llegando únicamente hasta el tercer grado. Algo similar le sucedió a mi esposa Ruth que solo pudo terminar su segundo grado.

No teníamos oportunidades, por lo que nos esperaba el trabajo duro y rudo de ir a derribar árboles para hacer brecha y luego plantar el maíz, arroz y otros; pero no para nosotros sino para otra persona ( mi patrón ), por el cual recibía mi paga, Ruth se encargaba como una hormiga de limpiar, preparar los alimentos y todas las otras actividades que cotidianamente se realizan en un hogar de campo ( en el campo las esposas ayudan a sus a sus esposos cuidando alrededor de sus casas, los animales, y dentro de los mas comunes están las gallinas, los cerdos y las vacas) tareas que no me parecían muchas, porque el estado de pobreza en que vivíamos en medio de esas paredes de esas cuatro humildes paredes de esa casa vieja y los pocos animales que teníamos, a mis ojos no demandaba mayor tiempo y esfuerzo; pero ahí estaba ella con todo su amor atenta a recibirme para compensarme el trabajo, hacer que mi cansancio se volviera en descanso para el final del alba encontrarnos unidos en un verdadero lazo de amor.

Llegó nuestro primer hijo y junto a esta bendición otras más. La constancia en el trabajo, el esfuerzo y quién sabe qué otras cosas más vio mi jefe en mí, que hizo que su corazón se ablandara y me ofreciera vender con muchas facilidades una pequeña parte de tierra que con mis manos surcaba ¡cuanta alegría! ¡cuanta emoción! ¡que bendición!. Y así, continuaron llegando los hijos y las oportunidades para mi esposa y yo, hasta que un día mi jefe me vendió el restó de la propiedad. Luego, con el transcurso de los años tuvimos la oportunidad de comprar otras pequeñas parcelas de terreno para agrandar un poco mas la propiedad y fue en una de esas oportunidades que compramos la pequeña finca que limita al rió, la cual llamamos Nauyaca, nombre que proviene de los mesoamericanos en la lengua nahualt y que le daban a una especie de serpiente que hay en la región, Años después le agregamos cataratas, quedando finalmente y registrado el nombre Cataratas Nauyaca S.A.

Hubo en el país una intensificación y promoción de la explotación ganadera, y aquella obsesión en mí por derribar árboles, labor que hacía con hacha aún cuando habían árboles que tardaba todo el día para derribarlos continúo, porque quería tener toda aquella extensión de terreno que Dios nos dio libre, para sembrarla de pasto.

Y así fue. Por muchos años nos dedicamos a la explotación ganadera con grandes logros y con ello fue posible que los cinco hijos fueran profesionales.

Vino la crisis del precio del ganado y fue entonces cuando en busca de solventar nuestras necesidades nos iniciamos en un pequeño proyecto de viveros. Creemos que fue ahí donde Inicia el giro de 360 grados, porque el ganado aunque seguía ocupando un lugar muy importante en nuestras actividades, ya no era lo primordial, por lo tanto empezamos a disminuir las cabezas de ganado  dentro de la finca, y en los primeros años de este proyecto, de la producción total de arbolitos para vender, destinábamos unos cuantos miles para reforestar en aquellas áreas menos productivas, con la visión de tratar de ir reparando de alguna manera aquel gran daño que le había causado a la naturaleza.

Llegó el momento de reforestar las dieciocho hectáreas de esta propiedad que limita al río, donde estaban desprotegidas las cataratas; un área rocosa y quebrada que también había sido víctima por la mano del hombre; y un día, estando sentado bajo el encandecente sol, después de haber disgustado un almuerzo frío y de tratar de descansar un poco nuestros sudorosos cuerpos, para luego continuar con nuestras larga jornada, brotó de boca de uno de mis hijos estas palabras: algún día este lugar se llamará Centro Turístico Cataratas Nauyaca.

Aquellas palabras habían quedado haciendo eco en mi mente y continuaban resonando porque la idea me parecía interesante, ya que mis hijos muy a menudo visitaban las cataratas y porque en ese entonces teníamos unos amigos que nos visitaban mucho y su mayor ilusión era que los condujeran hasta las cataratas. En ese entonces no había acceso y había que hacerlo río arriba, por más de un kilómetro, sorteando piedras y bejucos, enfrentándose a la corriente del río en partes y en algunas otras teniendo que cruzar cuantas veces fuera necesario para poder llegar a esa maravilla; pero no siempre se podía y nuestras aspiraciones quedaban frustradas; pero habían grandes interrogantes en mi mente que siempre me guardé.

La primera era ¿Cómo? Y de esta suscitaban muchas más, si vivíamos a seis kilómetros de la carretera principal, sin acceso, sólo a caballo, y se tardaba una hora a mi1 casa, sin comunicación, no teníamos electricidad, ni tampoco infraestructura, sin estudio, mucho menos sin conocimiento de una palabra del idioma inglés y tenía miedo porque era un mundo totalmente diferente al mío y aun sin haber iniciado, sin tener conocimiento en nada y brindándome todos procesos éticos profesionales administrativos, mi objetivo principal estaba visualizado en el turismo. Sí, pero en el turismo internacional, porque en el área de Dominical empezaba a dar sus primeros pasos en este campo.

Como decimos en Costa Rica, (tomar el toro de una sola vez por los cachos). Parecía tener todo al poseer en nuestras manos aquella porción de tierra en donde están las cataratas, pero ¿quién sabía de ellas? ¿Quiénes las conocían? ¿Cómo hacer para darlas a conocer?, todo esto me impedía dar mi primer paso, hasta que un día me armé de valor y dejé que el Espíritu de Dios me guiara nuevamente, entonces partí a buscar a don Jack Ewin y a Maike Maguines, ambos empresarios del turismo, el primero de Hacienda Barú y el segundo del Restaurante San Clemente, para contarles de ese lugar hermoso, y les hice la invitación para que nos visitaran, vieran y así nos sugirieron y recomendaran para empezar a trabajar.

Después de la visita de ruis y acogiendo sus recomendaciones, ahí estábamos de nuevo. Era como iniciar un nuevo matrimonio, teníamos todas las ilusiones, mucha energía aún, deseos de explorar en algo desconocido, pero todas las limitaciones. Sin embargo esto no nos impidió dar ese segundo paso y por fin un día de junio de 1992 teníamos en nuestra casa los dos primeros turistas. Y eran extranjeros. ¡Que loquera, esto fue como cuando llegó nuestro primer hijo!.

Después fueron llegando más y más y a raíz de ello hemos tenido que trabajar duro, con honradez, tenacidad y todas virtudes hermosas que Dios regala al ser humano cuando se deja someter por El, siendo verdaderamente quienes somos, sin esconder nada de lo que Dios nos ha dado y sin tratar de aparentar lo que no somos, para poder enfrentar nuestras dificultades.

Hoy 15 años después de haber iniciado las cabalgatas a las cataratas, hemos podido sobrevivir a muchas tempestades. Hemos visto como otros nacieron, crecieron y murieron.

Hoy muchos han querido implantar y nos han sugerido y algunos casi nos ha sugerido que cambie el sistema, que contrate un administrador y delegue funciones en personas ajenas a mi familia, porque la demanda es mucha y la pulpería es pequeña (En Costa Rica, pulpería se le llama a un pequeño local en donde se puede comprar productos, normalmente son pocos, porque sus propietarios son pobres que no tienen solvencia económica para comprar diversidad de los mismos).

Hoy las fuerzas de mi esposa Ruth y mías ya casi se han acabado, ya no gozamos de la misma juventud que cuando llegamos a este lindo lugar y a pesar de muchos problemas personales, nos mantenemos unidos y confiando y creyendo en nuestra familia, hoy más grande, con nietos, yernos y nueras y en aquellos que han pasado a formar de ella, nuestro limitado personal que se ha mantenido fiel y que han sido parte de alguna manera del éxito de nuestras vidas.

Por todo esto.
"Vale la pena vivir la vida, y vivirla hasta el último día."

Don Lulo y doña Ruth.